Todo Jardín es luna

Greta Reyna López

Feb/02/2018 - Mar/15/2018

DIBUJAR, DIBUJAR, DIBUJAR…
LA REITERACIÓN ES TAMBIÉN UNA FIGURA LITERARIA


Cuando abrí por vez primera Diario del dolor compartí la misma ilógica sensación de cuando leía el principito de Saint-Exupéry –y aunque siempre he sido una amante de la literatura–, no pude evitar dejar a un lado el texto para deleitarme en aquellos pequeños dibujos infantiles que ilustran la historia. Seguramente, a Greta Reyna López (La Habana, 1991) también le sucedía lo mismo. Y es que esa capacidad de inquietar con trazos aparentemente simples, casi imperceptibles, parecen caracterizar casi toda la producción de esta joven artista, que si pudiera clasificar en una frase es: una gran dibujante (y no quiero que se piense en el sentido más tradicional del término). No obstante, aún cuando una buena parte de su obra se sustenta en esa necesidad dibujística que incluso a veces la excede; creo que es muy pronto para cualquier tipo de demarcaciones, pues quienes observan sus procederes como creadora reconocen su interés por la instalación, el objeto y más recientemente la pintura. Ya se encargará el tiempo, y no yo, de dejar entrever qué lenguajes le son más afines a sus minuciosos propósitos como artista.
Como buena coleccionista de objetos encontrados, sus piezas están siempre repletas de elementos que han llamado su atención, sin más explicaciones que el estupor que siempre produce al azar. Así surgen series como Trece lunas y un laberinto, en las que el dibujo parte del placer visual que les produjo unos coloridos fragmentos de telas. Mas su dependencia de la línea y la soltura de su “buen hacer” hacen desaparecer los límites entre el recorte de tela y el papel. Greta desconoce los límites taxonómicos de las manifestaciones artísticas, sus collages son dibujos y viceversa.
Su quehacer como artista resulta una especie de poesía visual que, como en todo buen texto, se repleta de tropos; en su caso, parece preferir la reiteración. Inunda siempre sus trabajos de diminutos y meticulosos elementos que repite sin parar: el círculo, un cactus, las flores. Tal vez lejanos recuerdos de la infancia… memorias que emergen en cada uno de los bosquejos, a ratos inofensivos.

Laura Arañó Arencibia
Enero 2018